Noticiero Agencia 3

Sin Censura Informativa

La Tierra arde: sequías, desertificación, hambre, migraciones

En todo el planeta se registran altas temperaturas históricas y es de esperar que el clima se torne cada vez más caliente, lo que implica más sequías, más inseguridad alimentaria, más hambre y más desplazamientos masivos de personas, señala la IPS[1] en un repaso que hacen sus corresponsales en los cinco continentes.

De hecho, las temperaturas extremadamente altas de mayo y junio rompieron marcas en varias partes de Europa, Medio Oriente, norte de África y Estados Unidos, informó la Organización Meteorológica Mundial (OMM), que agregó que la ola de calor en el norte llegó este año inusualmente antes.

Al mismo tiempo, las temperaturas globales promedio registradas en la superficie de la tierra y el mar en los primeros cinco meses de este año fueron las segundas más altas de la historia, según análisis de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos, el Instituto de Estudios Espaciales NASA-Goddard y el Centro Europeo Copérnico para el Pronóstico Climático de Alcance Medio- Servicio de Cambio Climático.
Barcos herrumbrados y abandonados en Muynak, Uzebkistán, una exciudad portuaria cuya población disminuyó de forma drástica con el retroceso del mar de Aral. Crédito: Eskinder Debebe IPS/UN Photo.
Europa

En Portugal, las temperaturas extremas del entorno de 40 grados centígrados contribuyeron a la severidad del devastador incendio que con su rápido avance arrasó con la región de Pedrógão Grande,150 kilómetros al noreste de Lisboa, y dejó a decenas de personas muertas y otras más heridas.

La OMM informó el 20 de este mes de que Portugal no es el único país europeo que sufre los efectos de clima extremo, pues la vecina España, que tuvo su primavera más caliente en más de 50 años, y Francia, también registraron temperaturas máximas. Además, los pronósticos para el territorio francés indican que seguirá teniendo tardes con más de 10 grados por encima del promedio para esta época del año.

La primavera española, del 1 de marzo al 31 de mayo, ha sido extremadamente cálida, con una temperatura promedio de 15,4 grados, 1,7 grados por encima del promedio en este período (con respecto a 1980-2010), precisó la agencia.

Y en muchas otras partes de Europa, incluso en Gran Bretaña, también se registraron altas temperaturas por encima del promedio
Estados Unidos

Del otro lado del océano Atlántico, en Estados Unidos, también se registraron calores cercanas o por encima del récord, precisó la OMM. En partes del desierto sudoccidental y hasta California, las temperaturas rondaron los 49 grados.

Más de 29 millones de californianos vivieron bajo alertas de calor extremo el tercer fin de semana de este mes.

Phoenix registró 47,8 grados el día 19. Incluso, la prensa informó de que el tráfico aéreo se detuvo en el Aeropuerto Internacional Phoenix Sky Harbour, en Arizona, por el exceso de calor. Y de hecho, la cancelación de vuelos coincidió con uno de los días más calurosos de los últimos 30 años en ese estado.

Y el Parque Nacional Valle Muerto, de California, alertó a los visitantes de que las temperaturas rondarían entre 38 y 49 grados. El lugar es conocido por haber tenido la temperatura máxima registrada en el mundo de 56,7 grados en 1913.
Norte de África, Medio Oriente y Asia

En Emiratos Árabes Unidos, la temperatura máxima de 50 grados se registró el 17 de mayo, mientras que en el centro de la sudoriental provincia de Kuzestán, en Irán, vecina de Iraq, los termómetros marcaron 50 grados el 15 de este mes, indicó la OMM.

La ola de calor en Marruecos alcanzó su máximo el 17 de mayo, cuando se registraron 42,9 grados en la estación Larach, en el norte del país.

Las altas temperaturas de junio siguieron a las que superaron el promedio en muchas partes del mundo a fines de mayo.

La ciudad de Turbat, en el sudoeste de Pakistán, registró 54 grados. La OMM creará una comisión internacional de expertos para verificar la marca y evaluar si iguala a la de 54 grados registrada en Kuwait en julio de 2016.
Desplazamientos de personas sin precedentes

En ese contexto climático, el mundo registró otro récord inhumano de una persona desplazada cada tres segundos.

Casi 66 millones de personas fueron obligadas a abandonar sus hogares en 2016, informó el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados en su informe Tendencias Globales, divulgado antes del Día Mundial de los Refugiados, el 20 de junio.

Los desplazamiento no solo obedecen a conflictos, sino al avance de la sequía y la desertificación.

La Convención de las Naciones Unidas para la Lucha contra la Desertificación (UNCCD) alertó el 17 de este mes, en el Día Mundial de la Lucha contra la Desertificación, de que en 2025, en menos de ocho años, 1800 millones de personas padecerán una absoluta escasez de agua y las dos terceras partes de la población mundial vivirán en condiciones de estrés hídrico.

Ahora se teme que el avance de la sequía y de los desiertos, la creciente escasez de agua y la pérdida de seguridad alimentaria generen un “tsunami” de migrantes y refugiados climáticos.

La secretaria ejecutiva de la UNCCD, Monique Barbut, recordó que la inmensa mayoría de refugiados proceden de regiones propensas a la sequía y a la escasez hídrica.

Ni la desertificación ni la sequía por sí solas causan el desplazamiento masivo de personas, pero pueden aumentar el riesgo de conflictos e intensificar los existentes, explicó.
Amenaza posiblemente irreversible

Como forma de ayudar a mitigar los efectos de la actual ola de calor, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) suscribió el 20 de este mes un acuerdo con la OMM para profundizar la cooperación y responder a la variabilidad climática y el cambio climático, lo que “representa una amenaza urgente y posiblemente irreversible para las sociedades humanas, los ecosistemas natrales y la seguridad alimentaria”.

La iniciativa procura fortalecer los servicios agrometeorológicos y facilitar el acceso a agricultores y pescadores, así como mejorar el monitoreo específico global y regional de alerta temprana y responder a eventos de alto impacto como las sequías.

“Salvar los medios de vida es salvar vidas, de esto se trata la construcción de resiliencia”, destacó el director general de la FAO, José Graziano da Silva, quien suscribió el acuerdo, junto a Petteri Taalas, por la OMM, en el marco de un seminario sobre la sequía organizado el 19 de este mes por Irán, Holanda y la FAO, en Roma.

Al recordar la sequía de 2011 en Somalia, donde 250 000 personas murieron de hambre, Da Silva recordó: “La gente muere porque no está preparada para hacer frente a los efectos de la sequía, pues sus medios de vida no son lo suficientemente resilientes”.

“Durante años, se ha respondido a la sequía en el momento en que ocurre, apresurándose a llevar asistencia de emergencia y mantener a las personas con vida”, observó. “Por supuesto que es importante, pero es esencial invertir en preparación y resiliencia”, subrayó.

Traducido por Verónica Firme
Publicado inicialmente en IPS Noticias
Desertificación
Un tercio de España ya sufre una tasa de desertificación muy alta y lo peor es que, si no se toman medidas urgentemente, esa superficie árida seguirá creciendo. De hecho, un 75 % del territorio se encuentra en zonas susceptibles de sufrir desertificación.

No se puede decir más claro: con el calor de estos días y la ausencia de precipitaciones, el riesgo de grandes incendios supone una seria amenaza para los ecosistemas y, sobre todo, el recurso suelo. Durante la última década se ha producido una media de más de 15 000 fuegos al año. Pero no sólo eso.la sobreexplotación de los recursos hídricos, las malas prácticas agrarias en zonas de pendiente, el sobrepastoreo, la agricultura intensiva y la urbanización irracional resultan también responsables de esta situación.

Las sequías son naturales en el clima Mediterráneo, pero el cambio climático está intensificando su recurrencia e intensidad. El aumento de temperaturas y la disminución de las precipitaciones son sólo dos de los efectos producidos por el incremento de las emisiones de CO2 a la atmósfera.

Según Naciones Unidas, los efectos de la desertificación a nivel mundial afectan directamente a unos 250 millones de personas y unos 1000 millones se encuentran en zonas de riesgo repartidas en más de cien países. Nadie puede negar ya las terribles similitudes entre aquellos que huyen de las amenazas de las armas con las de aquellos que escapan de la desertificación progresiva, de la falta de agua, de las inundaciones y de los huracanes.

Greenpeace lleva años denunciando la falta de acción de los sucesivos gobiernos de España sobre este grave problema pero, ante la situación actual “no podemos sino intensificar nuestro reclamo de medidas urgentes que impidan seguir perdiendo cada año millones de toneladas de suelo, junto con las especies que lo habitan”.

Medidas que pasan por aspectos como:

luchar decididamente contra el cambio climático reduciendo drásticamente las emisiones de CO2, descarbonizando la economía, eliminando el “impuesto al sol” y promoviendo el desarrollo de un modelo energético basado 100 % en energías renovables.
cambiar la política hidráulica hacia un enfoque integrado en la gestión de la demanda, implicando a todos los sectores demandantes de agua y teniendo en cuenta los caudales ecológicos. Priorizar el cumplimiento de los objetivos de la Directiva Marco de Agua, persiguiendo la sobreexplotación y la contaminación de los recursos hídricos, la proliferación de pozos ilegales y el mal uso del agua.
garantizar una política forestal acorde con las necesidades del país más árido de Europa, adaptando los ecosistemas forestales a los nuevos escenarios de cambio climático, evitando la proliferación de viviendas y urbanizaciones en el espacio forestal y concienciando a la sociedad ante el riesgo que suponen los incendios.
mejorar el actual modelo agrícola con una sustancial mejora de los regadíos, favoreciendo la agricultura familiar con modelos de producción sostenibles.

En el marco de la nueva Ley de Cambio Climático que prepara el Gobierno del Partido Popular, Greenpeace y el resto de organizaciones sociales han preparado un conjunto de demandas y medidas que deberían formar parte del texto de la ley, como por ejemplo: mejora de la eficiencia energética y ahorro de agua a través de programas de modernización de regadíos, con la implantación de sistemas de medición y dosificación de agua; sistemas de autorizaciones y derechos de concesión de uso de agua con criterios sociales en los que se priorice a la agricultura familiar con modelos de producción sostenibles; optimizar el uso del agua desalada para eliminar la sobre-explotación de acuíferos costeros, utilizando energías renovables para el funcionamiento de las plantas desaladoras, entre otras.

Según el responsable de Bosques de Greenpeace, Miguel Ángel Soto, “estamos ante un problema más serio de lo que la gente cree. Todos hablamos del calor casi a modo anecdótico, pero estas temperaturas, entre otras muchas cosas, tienen consecuencias en el medio ambiente. La pérdida de suelo fértil es irreversible, así como el deterioro de la biodiversidad, aumentando la vulnerabilidad de todas las especies, incluida la humana. O asumimos cada uno nuestra responsabilidad o cada año celebraremos el Día contra la Desertificación en un país que cada vez más se irá pareciendo a un desierto en amplias zonas del territorio”.

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